martes, 11 de julio de 2017

Un rincón del corazón que nadie pisa. Portada.

La portada de un libro ha de atraer la mirada, presentar la obra invitando a  abrir sus  páginas. Es como esas sonrisas que nos hacen desear conocer mejor a la persona que hay detrás.
Cuando la novela ya estaba alcanzando su forma definitiva y hablé con Annabelle Ríos Badillo para hacer la portada, yo quería que tras leer el manuscrito me dijera que escenas le parecían más adecuadas y que me comentara sus ideas.
Yo tenía una muy clara. Me gustaba un momento de la novela en el que  uno de los personajes conduce profundamente apenada, deja el coche cerca de una playa y camina hasta la orilla.

"Acertó a quitarse los zapatos y se dirigió hacia el agua. Las olas prendieron de su ligero vestido creando una aureola a su alrededor de flores imposibles"


 "Se adentró dejando que la frialdad que empapaba su piel y su ropa, hiciera juego con la frialdad que empezaba a anegarle el alma."


Sobre esa escena, Annabelle hizo este precioso dibujo que al final se utilizó difuminado para la contraportada.

Tras muchos messengers, otra idea cobró fuerza y Annabelly hizo dos versiones de la actual portada. Cuando me dio a elegir le contesté un poco traviesa:
"La del piano en negro para la portada, la del piano marrón para mi casa".
No pretendía nada, por eso me sorprendí y me emocioné muchísimo cuando al tiempo me llegó un paquete con la acuarela  original de la versión que no se iba a editar, unas chocolatinas porque yo le había regalado mi libro "Dulce mirada de chocolate", un colgante que encerraba en su interior dos semillas de diente de león y una tarjeta con la imagen de la ilustración que me empujó a ponerme en contacto con ella.
 ¡Imaginar como me sentí!


Las chocolatinas desaparecieron antes de que se me ocurriera hacer la foto ;)
El colgante fue un detalle muy emotivo, ella lo eligió con dos semillas porque tengo dos hijos, pero también por representar nuestro nuevo proyecto juntas, el álbum ilustrado que vamos a hacer a partir de la imagen de la tarjeta, en la que una niña esparce en el aire unas semillas de diente de león.
La acuarela, como habréis adivinado, ya luce en una de las paredes de mi casa.

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